

Miro a Maribel y realmente esta muy bien, demuestra una buena posición detrás del gran timón que maneja con sus finas manos. No entrare en detalles, ya que me parece poco delicado poneros los dientes largos.
Pero desde el punto de vista de un marinero que solo ve mar y olas que le mojan una tras otra, ver entre olas la figura de una mujer pilotando la nave que nos llevara (
quien sabe donde) es algo que no se puede explicar, todo se eriza y se pone en punta, los pelos, los cinco sentidos y no nos olvidemos del sexto, este también se encabronaba aun pasando miedo.
Cada vez que ponía timón fijo, y pasaba por encima de mí para tensar un cabo que se había soltado, era como una tortura que día tras día duro un mes.
Por las mañanas siempre iba muy ligera de ropa, y después de comer más de lo mismo, yo en diferencia siempre iba ligero y dispuesto a no soltarme del dichoso mástil.
Un día la rueda del timón se encasquillo, y ella le dio una tremenda sacudida.
--Le dije… no hagas eso, le vas a hacer daño.
No se por que tenia que sacudirlo, si no le había hecho nada, además, si necesitaba golpes, yo era el más indicado para propinárselos. Me hizo el mismo efecto que si me hubiera propinado una patada en mis partes nobles.
--Este timón se mueve mucho…refunfuño
--No lo creas, si no lo mueves suele estarse quieto…y así era…, por lo menos, si no se le sacude no pasa nada.
--Insistió en que era muy peligroso, y que buscase un destornillador.
--Me fui a buscar la caja de herramientas para ver que es lo que había…cuando regrese, la encontré sentada en el suelo con el timón entre las piernas, jugando con el y dándole vueltas con la mano.
--¡Hummm..., a este timón le ha ocurrido algo!...exclamo.
--Así parece, ¿verdad? –le replique.
--Yo diría que tiene el cojinete roto
--Por favor no te canses mas…Será mejor que lo pongamos de nuevo en su sitio y sigamos navegando, que ahora vamos un poco a la deriva.
--Ya que esta fuera podemos ver lo que le ocurre---me dice
De golpe y porazo, si poder impedirlo destornillo algo por alguna parte y en menos de diez segundos rodaron por el suelo no menos de doce bolitas.
--¡¡Cógelas Cógelas!!- - me grito-- ¡¡Cogelas!! no se vaya a perder alguna.
Esto la excito soberanamente, y durante media hora estuvimos gateando y buscando, entonces el mas excitado ya era yo, con tanto culo en pompa, hasta que por fin encontramos dieciocho bolitas. Dijo que esperaba que las hubiésemos encontrado todas , pues de lo contrario el timón sufriría un grave perjuicio, y añadió que no había nada que requiriese tanto cuidado al desmontar un timón como las bolitas…el miedo me invadía todo mi cuerpo ( las bolitas las tenia por corbata).
Para mas seguridad puse las bolitas en mi sombrero, dejándolo en la entrada del camarote; tengo que reconocer que aquello fue una solemne tontería, por regla general suelo hacer las cosas bien; seguramente en esta ocasión me equivoque debido a la influencia del (miedo).
--Maribel no paraba de tocar aquí y allí, mi sentido común no paraba de murmurarme:
(Detenla antes que haga mayores estropicios, tienes derecho de protegerte de los destrozos de una loca…cogerla por el pezcuezo y echarla de un puntapié)
Pero la deje proseguir su destructora tarea.
--Al fin dijo que lo mejor era volverlo a colocar en su sitio.
Yo sostenía por un sitio de anclaje y ella luchaba por colocar el timón; (
todo eso con olas para dar y regalar, agua por todas partes): al cabo de diez minutos propuso sostener ella el anclaje y que yo colocara el timón en su sitio, por lo que cambiamos de posturas.
--No había pasado ni un minuto cuando soltó el anclaje y se puso a pasear por cubierta con las manos apoyadas a las caderas. Mientras paseaba me dijo que tenia que tener mucho cuidado con los engranajes del timón, porque a lo mejor uno te pellizca los dedos.
Luego me envolvió las manos con unos trapos y ella hizo lo mismo, reanudamos nuestra tarea, por fin teníamos el timón en su sitio, y apenas lo hubimos hecho, Maribel empezó a reírse a carcajadas.
--¿Qué es lo que te hace reír?
--¡Soy una bestia parda!
--¿Qué pasa?—pregunte-
--Nos hemos olvidado de las bolas.
Mire a ver donde estaba mi sombrero, y lo vi en medio del camarote y sin una bola dentro
- - bueno dijo- -Maribel, pues a buscar bolas otra vez, encontramos once bolas, pusimos seis a un lado y cinco en otro, media hora mas tarde el timón volvía a estar en su sitio.
Quedamos maravillados de que funcionase, aun que se movía más que antes, cualquier tonto se hubiese dado cuenta.
Yo había abandonado todo mi interés en seguir navegando, quería llegar a un puerto y bajarme del yate, pero reanime mi espíritu y el suyo, con un par de vasos de cerveza bien fresca y también con algunas alabanzas.
--Créeme Maribel, contemplarte haciendo esto me a resultado muy beneficioso; no solo tu habilidad y destreza son las que me fascinaron, sino tu alegre confianza en ti misma y tu inextinguible valor.
Por tres veces consecutivas exclamo:
--¡Gracias a Dios, ya esta!
ESTE FUE UNO DE LOS TANTOS DIAS QUE DURO LA TRAVESIA, Y FUE AQUÍ CUANDO DECIDI QUE TENIAMOS QUE TERMINAR LAS VACACIONES