
El año pasado por esas fechas Merche y tres amigos mas nos fuimos en coche a Santiponce (Sevilla). Para visitar los familiares Merche y estar unos siete días de descanso
Decido el quinto día de estar en Santiponce, tomar mi mochila y, el bus que va desde Santiponce a Sevilla Capital…unos nueve km… Le dije a Merche que el motivo principal de querer ir a la capital, era para cobrar un giro postal que solicite por teléfono.
Preferí ir con el autocar para no tener que perder el tiempo buscando aparcamientos por la ciudad.
Como tenía suficiente tiempo, aproveché para tomarme un buen desayuno; pescaditos fritos, con un poco de jamón ahumado, y un par de cervezas bien frías, y para rematar todo esto, un cortadito sevillano…casi nada
Después de mucho preguntar llego a la estafeta postal, y recojo el giro a mi nombre…50 billetes de 50 euros.
Luego me dirijo al centro a disfrutar del día, y así hacer tiempo para mas tarde regresar con el bus a Santiponce, visito La Giralda al completo, reemprendo y sigo haciendo más Tour turístico. Ya cansado de ver tantos monumentos y de pasearme por el Parque de María Luisa, decido volver al pueblo donde están todos los compañeros de viaje.
Eran la seis y media de la tarde, no había bus hasta las siete, por tanto me doy ánimos y reemprendo el camino de vuelta andando.
Era una tarde maravillosa, me sentía fuerte, sereno, reposado; no tenia asuntos urgentes, esa decisión de ir andando era un lujo que solo se lo pueden permitir los millonarios, y yo, esta tarde me sentía mas jovial que nunca e incluso riquísimo.
Me puse en camino a buen paso y, en cuanto pude, abandone la carretera nacional, llena de ruidosos camiones y de largas caravanas de automóviles, y tome un camino provincial.
El ir durante nueve kilómetros por atajos, entre campos, dejando las asfaltadas carreteras en aquella espléndida tarde, era una verdadera gozada
Durante los cinco kilómetros que llevaría andando, me venían todo tipo de pensamientos, y empezaban a emerger nuevos sueños de gloria, y futuras ideas a realizar…solamente se oía el ritmo de mis pisadas al tropezar con ramas y hojas resecas.
Pero un ruido intruso llega por mi espalda y echa a perder todos mis pensamientos. Me acerco a la cuneta, pero el intruso me ha descubierto. Me rebasa y, me ciega con la luz de una linterna directamente a mis ojos.
Es una patrulla de la policía. Me piden la documentación y yo le doy la carne de identidad.
--¿De donde viene? ¿A dónde se dirige?
Explico que vengo de P. y que regreso a mi pueblo, bueno…no es mi pueblo, es el pueblo de dos amigos míos, y es allí donde tengo el coche para irnos pasado mañana a Barcelona.
--Veo entre ellos una sonrisita maliciosa. A mi parecer, creo que conseguí tener el primer premio de sospechoso rural, solo falta que me ponga a correr por el campo, saltando por los matorrales más altos, donde, ni el jeep podría con ellos
--¡Esta a nueve kilómetros! – objetan.
--A nueve kilómetros cien metros – preciso—
--¿Y como es que hace usted nueve kilómetros a pie cuando ya esta oscureciendo?
--Les aclaro que tenía ganas de pasear
--¡Ah! ¿No tenía usted dinero para el autocar?
Muestro estúpidamente el fajo de billetes de cincuenta euros, el hecho de ir con tanto dinero, oscureciendo, y en un trayecto de nueve kilómetros a pie, les resulta muy sospechoso.
--¿¡Cómo ha conseguido usted tanto dinero!?
--He cobrado un giro postal –le explico…Saco un giro telegráfico a mi nombre y hasta el sobre del certificado dirigido a mí.
--El caso les induce a pensar que cada vez soy más sospechoso. Me estudian con atención, voy sin afeitar de dos días, ropa campera y con mochila.
--Les explico—Que los ladrones no se hacen dirigir giros a su nombre, sino que exigen dinero contante y sonante al primero que encuentran...
Me meten la linterna debajo de las narices, tal vez para verificar si llevo algún tipo de careta. Exhibo otros documentos y el que lleva galones los estudia atentamente y, luego, me los devuelve.
--Si, esta bien – exclama el de los galones --, Pero aun no nos ha dicho que hace usted aquí, en campo abierto, y oscureciendo.
--Regreso a casa…
--¡Que gracia! –Me replica fastidiado --, una persona normal, provista de medios como usted, no hace nueve kilómetros de carretera a pie, y con una tarde tan oscura.
--Quería descansar un poco –les explico. Porque siempre estoy sentado delante de un escritorio, o en un coche, o tumbado en una cama, y el único reposo posible es estar de pie un ratito. Pero la contestación es mal interpretada.
-- No se haga el gracioso y conteste a mi pregunta —me dice el de más rango--¿Cómo justifica usted su presencia aquí?
Abro los brazos desoladamente pensando; (como es posible ser creído cuando vulgarmente se dice la verdad)
--El de los galones con voz fuerte--¿Por qué nos hace perder el tiempo? ¡Vamos! ¡Cuénteme ahora la historia tal como es!
--En aquel momento llego un “Pantera” y se apeo de el un oficial al que el de los galones explico en voz baja el caso. Luego, me presento a el iluminándome la cara con la linterna.
--El oficial se echo a reír y me pregunto muy divertido como me había dejado atrapar mientras vagaba por el campo en actitud sospechosa y con la tarde tan oscura. Recuerde que nos conocimos hace cinco días cuando nos presento nuestra común amiga Merche
--Disculpe—le dije—El uniforme, las botas altas, el gorro y la oscuridad le hacen a usted irreconocible…Me dijo que debía volver al pueblo y se ofreció a llevarme en coche.
-- Gracias – conteste -- pero prefiero ir a pie, a menos que exista una prohibición en contra.
-- Me dijo – que era libre de ir a donde guste, pero que no me extrañe si alguna otra patrulla me para, ya que controlan a muchos roba pollos o lo que se preste por los alrededores.
Se marcharon, el oficial me miro preocupado, sacudiendo la cabeza, y me deseo un buen viaje hasta el pueblo.
--Con tanto lío ya eran cerca de las nueve de la noche, y faltaban aun unos kilómetros. Camine tranquilamente durante más de treinta minutos y, luego, llego un coche que se detuvo ante mí.
-- la voz de Merche salía del coche-- ¿Se puede saber que haces aquí a las diez de la noche?—Manuel, el oficial de policía me ha advertido del peligro que corres estando solo, por estos andurriales
--¡Yo solo quiero caminar! ¡Dejarme en paz! -- le dije -- ¡¡¡Yo quiero andar y ver salir el sol!!!
-- El sol lo puedes ver desde la ventana de tu cuarto ---me dice Merche
--Desde el coche se oye la voz de Guido--¡Subid!—después, en casa ya nos contara, y lo discutiremos tranquilamente, ahora tenemos que llamar a un medico
--¡Que medico, ni que medico! – se entrometió Merche --. Lo que necesita es un psiquiatra. Telefonea al manicomio por si acaso
Llegamos a casa y me metí en la cama sin siquiera cenar…
Buenas noches amigos.







